A medida que el cambio climático avanza a nivel global, sectores clave, como la agricultura y la industria alimentaria, se enfrentan a nuevos desafíos que amenazan la estabilidad y sostenibilidad. Lo anterior, se combina con el crecimiento poblacional estimado por la ONU de 9,700 millones de personas para 2050. En este sentido, una proyección por parte de la organización Nature en 2021 estimó que, para este mismo año, la demanda de alimentos incrementará en un 35%.
El cambio climático no solo está alterando los patrones de producción de alimentos, debido a que los campos de cultivo pueden verse afectados por sequías o inundaciones en un corto periodo de tiempo, sino que también está poniendo a prueba las estrategias comerciales y logísticas de las empresas, especialmente aquellas vinculadas a la alimentación.
“Las empresas de la industria de Bebidas y Alimentos están atrapadas en una tormenta perfecta de riesgos complejos e interdependientes que requieren un enfoque unificado e innovador por parte de los líderes de capital de riesgo y capital humano”, afirma Paulo Vitor, Industry Leader, Food, Agribusiness & Beverage, Latin America en Aon.
El calentamiento global, al alterar patrones climáticos como temperaturas y lluvias, y al favorecer la propagación de plagas, interfiere con el desarrollo de las plantas y la producción agrícola, disminuyendo la calidad y cantidad de alimentos disponibles. Para mitigar estos efectos, que incluyen la escasez de agua y la reducción de cosechas, las empresas deben innovar e implementar prácticas sostenibles. Sin embargo, es importante tomar en consideración que muchos agricultores carecen de los recursos necesarios para adoptar estas nuevas estrategias.
México y su vulnerabilidad ante el Cambio Climático
De acuerdo con el Reporte Global de Clima y Catástrofes de Aon, durante el 2024, las pérdidas económicas causadas por desastres naturales a nivel mundial alcanzaron los $368,000 millones de dólares. En México, se registraron pérdidas millonarias de forma general durante este mismo año a causa de fenómenos naturales como huracanes, tormentas convectivas severas y olas de calor, lo que trajo un impacto directo en la cosecha de alimentos. Esto subraya la necesidad urgente de crear planes de contingencia para proteger tanto a las empresas como a las comunidades más vulnerables; sobre todo, aquellas que dependen de las actividades agrícolas.
Por su parte la UNAM, destacó que México enfrentará en 2025 sequías prolongadas y temperaturas extremadamente altas, exacerbando la escasez de agua y afectando la agricultura. Se anticipa que estas condiciones climáticas extremas se intensificarán en los próximos años, requiriendo medidas urgentes para mitigar sus impactos.
En este contexto, el fortalecimiento de las cadenas de suministro y el acceso a nuevos mecanismos de financiamiento y seguros están permitiendo a las empresas gestionar los riesgos de manera más efectiva. La clave es no solo reaccionar ante los desastres, sino anticiparlos y desarrollar medidas que reduzcan el impacto de estos.